Nunca falta esa vez en la que en el bus camino a la universidad recuerdas los momentos de la infancia, aquellos que lo hacen sonreír a uno y lo hacen meditar en cuantas estupideces y cosas locas uno ha hecho para pasarla bien...y quizá también en su afán por mostrarse más maduro.
Y entre tanta mamarrachada infantil uno recuerda el momento cuando fue capturado por un vicio especial…y no quería hacer nada más.
Un amigo escoge los videojuegos y fantasea dedicarse a crearlos…a jugarlos y a ser el amo sobre todos ellos, otro escoge leer, y muy inocentemente piensa que se sentará todo el día leyendo y leyendo…que con eso vivirá y será feliz…porque precisamente eso le brinda paz y felicidad en esos momentos.
Cuantas veces me recuerdo gritar a los 7 vientos que jugaría fútbol todos los días, que disfrutaría el contacto de mis zapatillas con una pelota de cuero, plástico u otro material, que gritaría de emoción al ver como un compañero anota un gol…y lanzarme sobre el para felicitarlo, que me barrería una y otra vez, sea en una cancha de asfalto o césped sin descansar y quitaría pelotas dejando mi arco en cero y siendo la estrella del partido, siendo felicitado por todos…ovacionado por mis seres queridos…y sin tener compromisos fastidiosos.
Y cuantas veces recordando los gritos y resondradas de mi madre ante mi falta de entrega para los estudios y mi esíritu positivo para el fútbol…cuantas veces recordando lo inútil que sería para la sociedad dedicandome a perseguir una pelota con un grupo de sudorosos buenos para nada, cuantas veces recordando que debía estudiar duro alguna materia específica para así tener dinero y ser un profesional como cualquier otro individuo que se rompe el lomo 8 horas díarias como mínimo para traer un sueldo a casa y alimentarme…y alimentar a una familia que me pediría que trabaje más duro…una y otra vez…
Y entre tanta mamarrachada infantil uno recuerda el momento cuando fue capturado por un vicio especial…y no quería hacer nada más.
Un amigo escoge los videojuegos y fantasea dedicarse a crearlos…a jugarlos y a ser el amo sobre todos ellos, otro escoge leer, y muy inocentemente piensa que se sentará todo el día leyendo y leyendo…que con eso vivirá y será feliz…porque precisamente eso le brinda paz y felicidad en esos momentos.
Cuantas veces me recuerdo gritar a los 7 vientos que jugaría fútbol todos los días, que disfrutaría el contacto de mis zapatillas con una pelota de cuero, plástico u otro material, que gritaría de emoción al ver como un compañero anota un gol…y lanzarme sobre el para felicitarlo, que me barrería una y otra vez, sea en una cancha de asfalto o césped sin descansar y quitaría pelotas dejando mi arco en cero y siendo la estrella del partido, siendo felicitado por todos…ovacionado por mis seres queridos…y sin tener compromisos fastidiosos.
Y cuantas veces recordando los gritos y resondradas de mi madre ante mi falta de entrega para los estudios y mi esíritu positivo para el fútbol…cuantas veces recordando lo inútil que sería para la sociedad dedicandome a perseguir una pelota con un grupo de sudorosos buenos para nada, cuantas veces recordando que debía estudiar duro alguna materia específica para así tener dinero y ser un profesional como cualquier otro individuo que se rompe el lomo 8 horas díarias como mínimo para traer un sueldo a casa y alimentarme…y alimentar a una familia que me pediría que trabaje más duro…una y otra vez…
Porque yo,*(Experiencia de otra persona plasmada en este especial relato).
No quiero trabajar,
No quiero ir a estudiar,
No me quiero
casar…
Quiero tocar la guitarra todo el día
Y que la gente se enamore de mi voz…
Posteado por: Kure.